La Dama.

David Taffet en Unsplash

La Muerte… ¡Ay la Muerte! Es ella una dama cuya boca oscura se alumbra un poco con el reflejo amarillento de unos cuantos dientes. Tiene ojos negros, pequeños y sagaces, y un rostro arrugado como el de una pasa. Lo que pocos saben, es que es una señora de lo más bromista. Y si lo piensas bien, tiene sentido que así sea, o no podría sobrellevar la pesada carga que le ha sido impuesta.

Descubrí su sentido del humor una noche de diciembre. Mientras la mayoría de las personas festejaban las tradicionales fiestas navideñas, mi familia y yo, sumidos en el dolor, velábamos a la tía Eugenia, hermana de mi madre y muerta aparentemente por una indigestión. Una sábana blanca cubría el pequeño cuerpo. Se percibía en el ambiente el olor de los cirios consumiéndose mezclado con el de las flores que comenzaban a marchitarse; era el olor que avisaba a la tierra para que se fuera preparando, para que se abriera y acogiera en su seno a algún difunto.

Eugenia había sido una persona agradable en vida, siempre tenía una sonrisa en el rostro y las palabras de aliento no se le acababan nunca. Llegabas a su casa y enseguida se ofrecía para preparar algo rico de comer o de beber: un atole caliente, unos tamales, tal vez unas tostadas. No tanto porque tú quisieras, sino porque a ella se le antojaba, pero le sabía mejor si lo compartía contigo. Mientras los grandes se preguntaban a quién le había dejado el rancho, los chicos llorábamos al pensar que ya no podría prepararnos su delicioso pastel de natas.

La noche pasaba y los dolientes se retiraban en la misma proporción en que sentían el deceso de la tía. Los que habían ido solo por compromiso hacía rato ya no estaban. De los que quedaban algunos se encontraban a un lado de la difunta, haciendo guardia, y otros dormitaban en las incómodas sillas del velatorio para lo cual habían adoptado posturas imposibles. Pero todos, absolutamente todos, se llenaron de miedo al escuchar la inconfundible y rasposa voz de Eugenia diciendo: “ATOLE”. La diminuta figura, cubierta por la sábana blanca se había incorporado y ahora pedía la típica bebida de maíz cocido con agua, como queriendo recobrar fuerzas después de su paso por el inframundo. La mayoría salió corriendo despavorida mientras el “fantasma” pedía el atolito.

Yo alcancé a ver a la dama en un rincón del velatorio, se estremecía con las carcajadas que en oleadas la visitaban y la dejaban exhausta al ver el revuelo armado por aquella resurrección inesperada. La tía Eugenia vivió después de eso como veinte largos y saludables años. Los niños que la vimos revivir ahora somos hombres, y uno que otro se murió antes de que ella lo hiciera de verdad. Yo por siempre guardaré la imagen de la parca riéndose de su travesura, porque la muerte en realidad no es más que una broma.

Autor: Ana Laura Piera

https://bloguers.net/literatura/la-dama-cuento-corto/

38 comentarios en “La Dama.

  1. Esta claro que desde México se tiene una concepción muy distinta de esta dama. Muchas veces lo he hablado con mi esposa, que es mexicana, y es claramente cultural.
    Muchas gracias por compartir esta historia.

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  2. ¡Qué bueno! 😂😂🤣🤣🤣
    Por un lado alivio, para los que querían seguir disfrutando de la tía Eugenia; por otro, ¡Menudo sustazo! Creo que los que salieron despavoridos no fueron a muchos velatorios después de eso.
    He tenido que asistir a demasiadas antesalas de la Dama y, aunque no he tenido la «suerte» de verla deambular por esos pasillos de tristeza, curiosamente, en algunas ocasiones hemos estallado en contagiosas carcajadas. Sin ton, ni son, por cualquier pamplina, a pesar de que el finado fuera cercano y dolido. ¿Habrá sido esta señora la motivadora con su macabro sentido del humor?
    Me encantó el relato. Parecía que iba por el camino del terror oscuro y terminó divertido y ejemplar. La tía Eugenia siguió compartiendo viandas y se llevó a muchos por delante.
    Felicidades, Ana. 👏🏼👏🏼👏🏼
    un Abrazo. 🤗😘

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  3. ¡Me encantó el relato Ana! Parecía que se encaminaba por el lado del terror y terminó divertido. La tía Eugenia siguió compartiendo comidas y bebidas con quienes la querían y hasta se llevó a muchos por delante. Desde luego, la muerte en México tiene un carácter diferente y creo que tú la pintas perfectamente. Felicidades y un abrazo.

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    1. Hola Maty, gracias por comentar. No, no tengo. He estado tentada a autopublicar en Amazon pero creo que necesito asesoría de corrección, también me gustaría publicar cosas inéditas y todas las acabo publicando en el blog, jajaja. ¡Un beso!

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  4. Hola, Ana 🙂

    Me lo he leído de un tirón a ver por dónde salía el sol :-9 y sí que ha salido sí, durante veinte años más.
    Fíjate que más pienso yo que la broma es la vida y la que va en serio es la muerte :-9
    Un beso enorme.

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  5. Hola Ana , parece que hoy nos hemos puesto de acuerdo en hacer una entrada sobre la muerte , ya que yo ayer hice una en mi blog del baúl de mis libros y juguetes , este relato esta muy bien y es divertido con un buen toque de humor , ahora te diré que yo se de un caso real de un matrimonio que tubo 5 hijos y era la familia de los «Broseta» son de un pueblo de cerca de valencia , y tenían un supermercado , la cosa es que la madre murió 5 veces , y cuando yo la conocí no hacía ni un año que había fallecido , le daban ataques catalépticos y una vez se despertó en medio de la misa , toda la gente salió despavorida y aterrada , al final después de 5 entierros fallidos en el último enterraron al marido , ella vivo unos cuantos años más , a los hijos les pusieron de apodo los hijos de la muerta.
    Te deseo una feliz noche y semana , besos de flor.

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    1. Hola Flor, qué interesante lo que me cuentas. Este relato está inspirado en un hecho real. Una tía abuela de una amiga, exactamente le pasó eso. Lo de la muerte riéndose de su broma ya es de mi cosecha jajaja. Gracias por pasar y comentar.

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