El abrazo por Ana Laura Piera — Masticadores México

Microcuento inspirado en una historia real

Estoy aquí con la horrible sensación de que ya viene. Es un presentimiento que nace en mi vientre y me recorre todo el cuerpo hasta que empiezo a temblar sin control. La gente no entiende, ellos no la ven, pero yo la siento. Piensan que estoy enfermo o loco, […]

El abrazo por Ana Laura Piera — Masticadores México

El Camino – Microcuento

Recuerda: nada es lo que parece…

Plácidamente acomodado entre los tibios pliegues maternos, presiente que mañana será el gran día. Saldrá de la seguridad que hasta ahora le ha cobijado y se desprenderá para iniciar su propio camino. Es apenas un bebé, pero si logra cumplir su propósito se hará adulto en otro lugar, llevando lejos su estirpe. Su madre lo mirará partir con pena. Él sabe que ella ha hecho todo lo posible para protegerlo desde el momento en que lo gestó, mas debe soltarlo y dejarlo crecer, es la ley de la vida. No la defraudará.

El día amanece prometedor, el pequeño se prepara para decir adiós, pero algo raro sucede, Una conmoción extraña lo toma por sorpresa, todo se mueve a su alrededor y sensaciones desagradables los invaden a él y a su madre. Aún no ha logrado independizarse de ella, pero ya no será posible. Ambos sienten que les falta oxígeno, no pueden respirar, en medio del ahogo son sacados con violencia de su lugar seguro y tibio. Se estremecen al ser expuestos a un frío de muerte.

—Buen trabajo Dr. Otegui. Lo extirpó por completo —dice el Dr. Martínez, el residente que ha asistido en la cirugía.

Una enfermera limpia por última vez la frente perlada de sudor del Dr. Otegui. Fue una cirugía larga, casi nueve horas, pero valió la pena. Los tres miran la enorme masa informe y sanguinolenta que ahora agoniza en una helada bandeja quirúrgica. Ambos, madre e hijo morirán ahí.

—Fue una suerte que el tumor no haya tenido oportunidad de hacer metástasis, la prognosis es buena —agregó Otegui muy satisfecho.

https://bloguers.net/literatura/el-camino-microcuento-donde-nada-es-lo-que-parece/

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La Belleza – Microcuento

Éste es un reto lanzado por la cuenta de twitter @AsiloOscuro: En un tweet inspirarse en la imagen, usar la frase sin modificar, citar #AsiloOscuro. (Éste es un relato extendido de mi tweet original)

Imagen tomada de @AsiloOscuro

Fuiste hecho para reflejar belleza. Solo los más hábiles artesanos intervinieron en tu creación. Adornaste habitaciones reales reflejando siempre bellísimos rostros y objetos de gran valor.

Pasaste de mano en mano como una preciada herencia pero por azares del destino acabaste en el Asilo Oscuro. Fue ahí cuando María apareció en tu reflejo, su calavera perpleja observándolo todo desde cuencas descarnadas. Entonces supiste que estabas reflejando otro tipo de hermosura: la más honesta, la más profunda… la definitiva.

también en: https://bloguers.net/literatura/la-verdadera-belleza-su-reflejo/

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Cantando Bajo La Lluvia – Microrrelato

Reto: escribir un micro de 250 palabras como máximo, inspirado en el título de una película. ¡Ojo! Digo inspirado en el título no que guarde relación con la película que eso sería muy aburrido. Si quieres participar te invito a que visites el blog de El Tintero de Oro.

A continuación va mi relato, acuérdate que no tiene nada que ver con la película:

Parados en medio de aquella selva de verdor perenne, con la opresiva humedad pasando la lengua por nuestros cuerpos rotos esperábamos la señal del comandante. Era él un hombre de baja estatura y mirada cruel que se paseaba entre nosotros exhibiendo en su rostro una mueca de satisfacción.

No era muy frecuente que nos sacaran de las celdas en grupo. Miré de reojo a los demás: parecíamos espantapájaros obscurecidos y deshilachados por el tiempo. Reconocí con dificultad a Sanders a White y a Thompson. Había uno con la cara tan hinchada que parecía un globo sanguinolento a punto de explotar. Imposible saber de quién se trataba, pero adiviné que los gritos de dolor que inundaron la noche habían sido suyos. Vi también a los soldados norvietnamitas cercándonos, listas sus armas en caso de negarnos a los caprichos de nuestro atormentador.

Sobre nuestras cabezas el cielo comenzó a resquebrajarse y un viento insidioso se levantó y nos lanzó arena a la cara hasta que el cielo se derramó y cortinas de agua nos envolvieron.

El comandante se apresuró a colocarse bajo un tejado y como si fuera un ceremonioso director de orquesta comenzó a mover sus manos lentamente haciendo semicírculos… La señal.

Absurdamente abrimos todos nuestras bocas … cantando bajo la lluvia.

212 palabras.

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EL CURANDERO

Reto: inventar una historia que se desarrolle en el interior de un avión.

da Clic en la imagen para que te enteres de qué va el reto en el blog de Jasc Net: Acervo de Letras.

Los ojos desorbitados de Matías Ek y el temblor incontrolable de su pequeño cuerpo me indicaron que sería difícil meterlo en la avioneta que nos llevaría desde el aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez hasta la Ciudad de México.

—Cálmate Matías. Ya habíamos hablado de esto, tú sabes la importancia de que este aparato nos lleve a la capital. Te prometo que nada nos va a pasar —le dije en un tono tranquilizador, pero él me lanzó una mirada furibunda desde sus ojillos rasgados. Corrió hacia los hangares en un vano intento de escape, mas los soldados del gobierno lo agarraron y pronto se encontraba de regreso, maldiciendo, tomado de los brazos y con los pies pataleando furiosos a centímetros del suelo.

—Dr. Torres, no va a haber otra forma mas que meter a este cabrón a la fuerza —dijo uno de los soldados.

Había conocido a Matías Ek tres meses atrás cuando me llegaron informes de un curandero chiapaneco que trataba con éxito graves casos de coronavirus con medios tradicionales. Mucha gente de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez hacía la peregrinación a la sierra para que los curase. La receta para el tratamiento estaba en su cabeza y los ingredientes del remedio en la maravillosa diversidad de la Reserva de la Biosfera El Triunfo, en la sierra madre del estado de Chiapas. Ahí existe una selva en la parte más baja y un bosque nuboso en la parte alta, donde la neblina es constante y el lugar se revela como un sitio místico. Por sesenta días los dos recorrimos ese mundo de niebla persistente mezclado con la cubierta vegetal de bosques de pino y encino; recogiendo muestras de plantas, flores, cortezas hongos y musgos. En una ocasión que se me antojó un sueño, tuve oportunidad de observar el vuelo del esquivo e iridiscente Quetzal, y todas las noches nos acompañó el ulular de los monos que llega a ser tan fuerte que hiela la sangre. También, felinos como el jaguar y el puma nos acechaban aunque no los viéramos. Ante mi evidente nerviosismo Matías Ek solo sonreía y movía la cabeza como diciendo: «esta gente citadina» mientras metía en su alforja los preciados componentes.

Ahora los roles habían cambiado, Matías se internaría en mi mundo, que empezaba en esa frágil avioneta a la que él le tenía tanto terror pues no entendía cómo aquel pájaro metálico podía elevarse del suelo. No lo hubiera hecho pasar por la experiencia, pero como dije antes, la receta de la cura se encontraba en su memoria y teníamos que repetir todo el proceso en un laboratorio. Me dolió la rudeza con que los soldados lo introdujeron en el viejo Lockheed. Cuando el aparato comenzó a moverse Matías comenzó a llorar y después, al elevarse en el cielo daba gritos de espanto, se retorcía en su asiento y se jalaba con desesperación los lacios cabellos mientras sus ojos destilaban lágrimas de miedo y coraje. Le ofrecí un poco de mezcal que primero rechazó, pero una vez que logró tomar un sorbo quiso más y eso logró calmarlo. Sentí pena por él, pero me reconfortaba ver la caja que contenía los ingredientes recolectados para la cura. Con suerte podríamos replicar la receta y sintetizar los ingredientes activos para no tener que sacarlos del bosque. Muy pronto el mundo tendría un tratamiento para la plaga, muy necesario dado que las vacunas ya no funcionaban ante las últimas mutaciones del virus.

Por fin aterrizamos en la Ciudad de México. Matías ni se dio cuenta pues había vaciado por completo la botella de mezcal y dormía profundamente. Esta vez lo sacamos con todo el cuidado posible y lo llevamos a un hotel confortable donde se repondría del susto. El remedio estaba a salvo en ese reservorio de sabiduría ancestral que era su mente. Estaba seguro de que lograríamos nuestro objetivo y me prometí a mí mismo que la nueva droga rendiría homenaje a Matías Ek llamándola Ekicina.

Sonreí al pensar en la odisea que sería llevarlo de regreso en avión a su hermoso mundo de bosque y niebla.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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LA CELEBRACIÓN. Microcuento

Mi participación en Escribir Jugando de Septiembre:

  1. Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la carta.
  2. En tu creación debe aparecer el objeto del dado: Arco/ flechas/ aljaba.

Opcional:

Que aparezca en la historia algo relacionado con la flor de castaño rojo.

Tras la feroz batalla, danzaron las guerreras. Celebraban el haber apresado al rey enemigo en el combate. Las líderes elevaban sus arcos al cielo y los tatuajes grabados en sus pieles parecían cobrar vida con cada movimiento: así, los ciervos corrían y las águilas volaban frente a la hoguera donde se quemaba ritualmente castaño rojo. Algunos guerreros, envidiosos, dieron voces queriendo apagar la celebración, pero cuando la reina se sumó al festejo callaron. De una de sus manos colgaba la cabeza cercenada del prisionero y la tiró al fuego entre alaridos de alegría. Aquella noche se recompensó a las valientes.

100 palabras.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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Las Babosas – microcuento por Ana Laura Piera

cuento publicado en Masticadores, México

Se arrastran envueltas en su propia humedad. Nada recuerdan de su pasado humano ni de por qué se encuentran condenadas a vivir reptando lentamente por el suelo. En sus inicios, la Tierra fue un planeta formidable y majestuoso que, canibalizada por sus habitantes humanos, fue llevada a la esterilidad […] Da clic para seguir leyendo…

Las babosas por Ana Laura Piera

Pequeños, grandes inicios

He estado un poco perdida y no he podido ponerme al día con las lecturas de sus blogs, pido una disculpa. Estuve fuera de vacaciones y dentro de los sitios que tuve oportunidad de visitar está el lugar de nacimiento del Río Mississippi dentro del Parque Estatal Itasca en el norte del estado de Minnesota, en EUA.

En el sitio donde se considera que “nace”, este se puede cruzar a pie. Es un pequeño y humilde lugar de inicio para un río formidable, uno de los más largos de América del Norte que, junto con el Misuri, conforma uno de los sistemas fluviales más grandes e importantes del mundo. (Y el que me recuerda una lectura preferida de mi niñez: Las Aventuras de Tom Sawyer, del escritor Mark Twain).

A veces los inicios pequeños desembocan en algo gigantesco, no lo olvidemos cuando nos sintamos frustrados o insignificantes.

Un abrazo para todos los que me siguen y llegan a leer mis cuentos.

Ana Laura Piera /Tigrilla

Bestiario por Ana Laura Piera

Imagen tomada de internet     ¿Recuerdas que decías que nunca soñabas nada, y lo mucho que te gustaría recordar aunque fuera un pedacito de algún sueño? Ese día tras varias noches de horror te diste cuenta de que no era que no soñaras, sino que muy dentro de ti preferías que a tus pesadillas […]

Bestiario por Ana Laura Piera

EL VAGABUNDO Y EL MANIQUÍ

Microcuento

Todas las noches, arropado en su cobija sucia, el vagabundo la miraba a través del cristal del almacén. ¡Era tan hermosa! Sus ojos la desnudaban hambrientos y en su mente bullían fantasías donde él la acariciaba y la hacía suya. Ella también le observaba con ojos vacíos y lejanos que enmascaraban un deseo imperioso de libertad. Le envidiaba.

Una noche, al acercarse, él se percató que la puerta de la tienda tienda estaba abierta…

Al día siguiente, el dueño del local se sorprendió al ver que en vez del bello maniquí femenino, en su lugar se encontraba el de un vagabundo. El dueño era un hombre práctico que sabía sacar partido a las situaciones adversas. Así que lo limpió y arregló para que anunciara un traje.

Esa noche, la que miraba desde la calle era ella, sabía que detrás de la fría indiferencia del maniquí, había desesperación. Estaba hecho, era ella o él. Se dió medio vuelta y se perdió en la ciudad.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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