¿FELICIDAD?

Cuando las circunstancias nos hacen creer que tenemos lo que desde siempre quisimos pero… ¿es así?

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El sobre blanco era una paloma moribunda entre sus dedos; portadora de noticias agridulces, le comunicaba que su padre estaba muerto y que el rancho de Los Ciruelos ahora era suyo.

Llegó a Los Ciruelos una mañana de enero. El olor a humedad tomó por asalto su nariz y ya no lo abandonó. Solo encontraba alivio temporal cuando salía y se enfrentaba a la grandiosa extensión de tierra que ahora le pertenecía.

Visitó la tumba del hombre que lo había engendrado y que se encontraba dentro de la propiedad por expresa voluntad del difunto. Recordó que muchos años antes, gracias a su inocencia infantil, se había imaginado viviendo en Los Ciruelos junto a su padre; pensamiento que le había calentado el alma y el corazón mientras se hacía hombre. Esperó un momento a ver si el calorcillo regresaba, pero lo único que sintió fue frío y nostalgia.

La felicidad a veces juega bromas pesadas.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

DE MAGOS Y ESTRELLAS…

Una vez hubo un mago enamorado de una estrella…

El anciano miraba desde la torre más alta del viejo castillo. Iba de cuarto en cuarto, asomándose en todos los balcones, esperando tener una mejor perspectiva del cielo nocturno, pero todo era en vano: llevaba varias noches buscándola y no encontraba su estrella, esa que era la luz de sus noches, la blancura de sus horas, la frialdad gaseosa que mantenía tibio y latiendo su corazón. «Alhena, Alhena, ¿dónde te has metido? ¡Esto es horrible!«

Alhena la brillante, la hermosa, la rebelde que una noche dejó su nación de estrellas y bajó a la tierra, enamorada de un mago. Consumada su unión, ella tuvo que regresar a su puesto en el cielo y desde ahí lo había amado fiel y constante. Fue testigo de los estragos del tiempo en su amante, vio la noble barba negra convertirse en una cascada nívea, el liso de su frente volverse barrancas de sal. Él había cambiado tanto, pero el amor que se tenían era inmutable. Vencido por una tristeza mortal el mago se dirigió a su habitación. Tras incontables horas de derramar lágrimas, estas hicieron un río debajo de su lecho. Diminutos peces nadaban en él siguiendo el curso del agua hasta el sótano. Libros y muebles flotaban en aquella tristeza acuática que minaba los cimientos de la antigua construcción.

De repente, en medio de la oscuridad, un tímido destello se hizo presente dentro del dormitorio del anciano. Este mantenía cerrados los ojos y no lo percibió sino hasta que el fulgor se había vuelto tan brillante que era imposible ignorarlo. «Oh mi amor, mi dulce amor, Thuban, no llores, mírame, aquí estoy, ya es hora». Thuban, el mago abrió los ojos y de inmediato fue cegado por la luz de Alhena. Sus ropas se vaporizaron y quedó desnudo. Oleadas de un placer celestial inundaron al viejo, su cansado cuerpo se estremecía y con cada movimiento la juventud perdida regresaba a él. Entonces carne, huesos y gases helados, se fundieron gozosos para siempre y se elevaron despacio rumbo a su lugar eterno en la noche del mundo.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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