Día de Muertos en México

Otra colaboración mía para Masticadores México, en esta ocasión un relato ligero con motivo de las celebraciones del Día de Muertos. Muchas gracias por sus comentarios y apoyo ya sea aquí o en la página de Masticadores (el link aparece abajo), ya que ahí es donde se puede leer completo.

El alegre grupo llegó a México, estaban muy entusiasmados, ya que lo hacían justo a tiempo para las fiestas de muertos. Se trataba de varios espíritus de diferentes partes del mundo. Alguien con gran visión comercial había estado organizando tours para ellos y ahora les tocaba visitar un país con una gran tradición en el […]

Día de Muertos en México por Ana Laura Piera — MasticadoresMéxico // Editor: Edgardo Villarreal

https://bloguers.net/literatura/dia-de-muertos-en-mexico-relato-breve/

ESCRIBIR JUGANDO

Escribir jugando es un reto de escritura basado en juegos de mesa, convocado por Lida Castro Navás en su blog: Escribir Jugando. Marzo ’21 ‹ El Blog de Lídia ‹ Reader — WordPress.com cuyas reglas son:

  1. Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la carta.
  2. En tu creación debe aparecer el objeto del dado: teléfono
  3. Opcional: Que aparezca en la historia algo relacionado con el espino (año de creación, inventor o el propio alambre):

EL AVISO

Detrás del alambre de púas se encontraban las líneas enemigas. Se había pactado una tregua para celebrar el Seollal, el año nuevo lunar. La capitana Sun Hee decidió salir a estirar las piernas. Iba envuelta en nostalgia recordando los ritos ancestrales, donde se presentaban respetos a los antepasados. Una flor imposible, fuera de tiempo, y roja como la sangre la detuvo ¿Sería un aviso de sus ancestros? Inició el regreso con un nudo en el estómago. Minutos después sonó su teléfono. Era el teniente conminándola a regresar a la base. Los Norcoreanos habían roto la tregua.

98 palabras incluyendo título.

AUTOR: Ana Laura Piera / Tigrilla

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TIEMPERO…

Ante el riesgo de una inminente erupción, el tiempero no puede escuchar la voz del Volcán.


El volcán amaneció enojado, temblando y vomitando ceniza. Todo el pueblo se fue donde el «tiempero”: Don Facundo.

Le reclamaban que «Don Goyo», como se referían a la montaña, no les hubiera avisado, le preguntaban que iba a pasar. Estaban asustados: los del gobierno habían venido en sus jeeps y en sus estúpidos uniformes y les dijeron que tenían que evacuar, pero la gran mayoría no estaba dispuesta a dejar sus casas, milpas y animales si no era por aviso del mismísimo volcán.

—Esta vez no me ha dicho nada —decía Facundo, confundido—.


La divinidad del volcán, aquella que le avisaba si habría lluvia o si tenía que estorbar el granizo, nada le había susurrado en sueños. El pavoroso temblor y la lluvia de ceniza lo habían sorprendido tanto como a los demás.

—De verdad, créanme, no sé que pasa-—gritaba angustiado.

Entre la multitud, Doña Socorro se apretaba las manos, y consternada, se mordía las uñas. Era la esposa del tiempero y guardaba un terrible secreto: llevaba tres noches dándole de cenar a su esposo unos tamales hechos con carne de cerdo, res y pollo. A la masa de maíz y manteca se le echaba aparte caldito de frijoles y queso de cabra. Doña Socorro lloraba, estaba segura de que su marido no había oído la voz del volcán debido a la indigestión causada por los tamalitos, pero no se atrevía a expresar sus sospechas.

La multitud se volvía cada vez más violenta, Don Facundo maldecía en su interior, hablándole al volcán: “Carajo Goyo, ¿por qué no me has avisado de esto?, ¿no ves que me van a linchar?, ¿ya no soy tu vocero?, ¿me has desechado?, ¿quieres acaso que todos muramos?”

El volcán volvió a rugir y a estremecerse; la gente salió corriendo para sus casas. Doña Socorro no aguantó más y fue donde estaba su marido y le confesó todo. Facundo comprendió y decidió no probar bocado hasta que pudiera volver a escuchar la voz que le había hablado en sueños desde que era un niño.

A la segunda noche de ayuno y oración, sucedió:

—Carajo Facundo, ya no cenes tanto.

Nada más escuchar aquella voz, cascada por los siglos, Facundo sintió que le volvía el alma al cuerpo, no pudo evitar sonreír de felicidad y contestó:

—Te lo prometo.

—Me desespera que no me escuches.

—Lo sé, perdóname, no volverá a pasar. ¿Sabes?, la gente está muy inquieta, ¿debemos preocuparnos?

—No, hombre, los espero como siempre en mi cumpleaños el 12 de marzo. Llévenme mole de guajolote, tequila y música.

—Así se hará, ¿entonces, no hay peligro? —insistió Facundo.

—Que no, sólo andaba enojado, no me escuchabas. Diles que no pasará nada, ¡ah!, y no se olviden de llevarme mi mole, y para ti, prohibidos los tamalitos…

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

Curiosidades:

Los «tiemperos», «graniceros» o tlauquiazquis son personas con el don de manipular el tiempo atmosférico. Mantienen el equilibrio para que sea propicia la vida en el campo y piden la lluvia durante el mes de mayo. Los tiemperos son el vínculo entre el mundo de los vivos y el de los seres sobrenaturales. Su origen se remonta a tiempos prehispánicos.

«Don Goyo» es el nombre cariñoso que los habitantes en las cercanías le dan a su vecino, el volcán Popocatépetl, (en lengua náhuatl: «el cerro que humea»), un volcán activo ubicado a 73 kms. de la Ciudad de México. La montaña es tratada como una persona que a la vez es una deidad, se le celebran sus cumpleaños y se le hacen ofrendas de alimentos en señal de respeto.

El término «mole» (del náhuatl molli o mulli), se refiere a varios tipos de salsas mexicanas muy condimentadas hechas principalmente a base de chiles y especias, y que son espesadas con masa de maíz, tortilla o pan, también se refiere a los mismos guisos a base de carne o vegetales que se suelen preparar con estas salsas espesas. El mole es de origen prehispánico y era ofrecido en ceremonias como ofrenda a los dioses.

El tamal (del náhuatl tamalli) es un alimento de origen mesoamericano preparado generalmente a base de masa de maíz  rellena de carnes, vegetales, chiles, frutas, salsas y otros ingredientes. Son envueltas en hojas vegetales como de mazorca de maíz o de plátano, entre otras, y cocida en agua o al vapor.​ Pueden tener sabor dulce o salado.

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