«MURCIEGALOS», QUESO Y ORTOGRAFIA….

Relato ficticio, original.

La señora que vende quesos es muy platicadora, se trata de una de esas gorditas simpáticas difíciles de ignorar. Ayer que pasó con su canasta llena de deliciosuras lácteas no pude resistirme a comprarle una panela, aunque sabía que junto con el queso, me iba a vender todo un discurso y así fue:

—¿Trae panela?

—Si, aunque fíjese que por poquito y no traigo.

—¿Ah si?

—¡Síii! Es que en el cuarto donde las preparamos que cree? De repente veo entrar algo por la ventana, una cosa negra que aleteaba muy feo. Primero pensé que sería una de esas mariposas de la mala suerte. Ya sabe, de las negrotas, esas que dicen que si se meten a la casa anuncian que habrá difunto.

—Si, ya sé cuáles dice, y bueno, ¿pues que fue lo que se metió?

—Uy señora, ¡un MURCIEGALO! lo bueno que mi hijo el mayor, que venía de ACEPILLAR al caballo, le aventó el cepillo con tanto tino ¡que le dio! y pues ya atarantado se cayó al piso y ahí lo rematamos. ¡Ay! Viera que cosas tan espantosas son esos bichos, tienen cara de demonio. Por si las dudas y para alejar las malas vibras, yo recé un Padrenuestro.

Me sentí triste por el pobre animal y la ignorancia que lo había matado. La señora siguió con su relato:

El susto me dio mucha hambre, sentí un hueco en el estómago, creo se me bajó, la glocosa esa… O ¿cómo se dice?

—¿Glucosa?

—Si, esa mera, me fui para la cocina y me eché unas ALMÓNDIGAS que tenía para que cenáramos todos. Me las acabé toditas, pero es que con esos sustos pues no anda uno con pequeñeces, yo necesitaba recuperar fuerzas. La cosa que cuando llegó el Rufino —mi marido—, se armó un pleitazo, me dijo que soy una tragona y que conmigo no hay MANTENCIÓN que alcance.

Ya estaba yo con los ojos salidos de desesperación, primero por el relato que se alargaba y yo con unas ganas locas de hincarle el diente a un pedacito de queso, y en segundo lugar porque lo de murciélago, acepillar, almóndigas y mantención no me sonaba nada bien. Me abstuve de corregir a la señora (aunque ganas no me faltaban), y qué bueno que no lo hice, pues una vez que se fue, (y después de hacerme un sandwich), me metí a la computadora, al sitio del diccionario de la RAE y me di cuenta que todas y cada una de esas palabras son correctas tal y como las había escuchado, son palabras que se oyen mal pero que están bien escritas. ¡Así que ya saben!

Palabras vistas en Revista Muy Interesante año XXII No. 11 pag. 20
sitio del diccionario de la RAE: http://www.rae.es

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla.