Tlacuache Lunar – Microcuento

En medio de la carretera, el tlacuache a duras penas esquivó el ruidoso camión de cervezas y alcanzó el otro lado. Necesitaba llegar a la seguridad del abedul donde tenía su madriguera. Cual torpe trapecista, caminó por un cable de luz para acercarse a una de las ramas que lo llevaría a su hogar. En un momento dado, su figura se recortó perfectamente en la luna llena que desplegaba esa noche especial.

En otro tiempo y lugar, alguien visualizó la imagen. Era la señal de la que hablaban los libros.

El Guardián sacó su espada. ¡Era hora de cumplir la profecía!

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

Nota: El tlacuache es un mamífero marsupial oriundo de México, conocido también como zarigüeya y deopossum.

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NUEVO COMIENZO – Microrrelato de 100 palabras.

Mi participación en el reto de Lidia Castro «Escribir Jugando»: Crear un microrelato de no más de 100 palabras, inspirándose en la carta, en el relato debe aparecer el objeto del dado: lira. Opcional: que aparezca algo relacionado con la flor de madreselva. Si gustas saber más de su reto o participar, te dejo el enlace a su blog al final.

La tristeza flotaba en el aire junto con el olor a quemado de cuerpos y casas. La dulce Myra y el valiente Kilian se guarecieron bajo mis hojas. De mi tronco bajó una rama joven que unió sus manos y ellos pronunciaron un solemne juramento. Mis raíces avisaron a otros árboles y pronto nos rodeaban más seres de la floresta. Un fauno tocaba la lira y un gorrión traía en el pico la flor de madreselva para que la nueva pareja pudiera dejar atrás los malos recuerdos del ataque a su aldea. El bosque los bendijo en su nuevo comienzo.

100 palabras.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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La Pócima – Microcuento

Mi participación en el reto de Lidia Castro «Escribir Jugando»: Crear un microrrelato o poesía de máximo 100 palabras inspirándote en la carta y donde aparezca el objeto del dado, un escarabajo. Opcional: que aparezca algo relacionado con «huellas digitales» (año, huellas o descubridor).

¡Tres días convertida en escarabajo! No era divertido, la podían pisar o usar de ingrediente para una pócima de mala calidad; como su torpe intento de convertirse en lechuza bebiendo de aquel frasco que prometía transformaciones a voluntad. ¿Cuánto tiempo vive un escarabajo?, se preguntaba. Una sombra la cubrió y sintió su duro exoesqueleto atrapado entre dos dedos de huellas digitales casi imperceptibles.

Despertó en su cama y ¡ya no era un insecto! A su lado la anciana profesora aparentaba estar muy molesta, pero en realidad trataba de contener la risa. «Para la próxima ten más cuidado Amanda». (100 palabras)

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

Merari – Microcuento

Bajo el sol del atardecer y en la orilla oeste del Nilo, en Tebas, se llevaba a cabo el fastuoso entierro de Rahotep, el escriba favorito del poderoso faraón de Egipto.

Uno de los sacerdotes oficiantes colocó en la suntuosa tumba una pequeña talla de piedra con forma femenina, sin piernas, y pronunció una sentencia de servidumbre eterna. En la escultura estaba imbuido mágicamente el espíritu de Merari, una joven a la que el escriba había hecho suya a la fuerza infinidad de veces y a la que consideró imprescindible para poder disfrutar a plenitud de la otra vida.

Cuando el mausoleo quedó a oscuras y sellado para la eternidad, Merari intentaba con todas sus fuerzas desprenderse de la figura que la contenía, pero sin éxito. Al carecer simbólicamente de piernas, estaba condenada a permanecer ahí. Silenciosa, pero intensamente, imploraba a la diosa Hemsut que la asistiera.

A veces los dioses, son misericordiosos con las personas, y Hemsut se apiadó de ella, permitiéndole que le crecieran alas.

Rahotep vio con horror cómo las frágiles alas ahora adosadas a la figura de Merari, comenzaban a moverse. La figura se rompió en pedazos y el espíritu de la muchacha inició su vuelo hacia la ansiada libertad.

Una mueca horrible se instaló en el rostro embalsamado del escriba al verse privado para siempre del placer que le robaba a Merari. Así sería descubierto, así sería recordado.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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El abrazo por Ana Laura Piera — Masticadores México

Microcuento inspirado en una historia real

Estoy aquí con la horrible sensación de que ya viene. Es un presentimiento que nace en mi vientre y me recorre todo el cuerpo hasta que empiezo a temblar sin control. La gente no entiende, ellos no la ven, pero yo la siento. Piensan que estoy enfermo o loco, […]

El abrazo por Ana Laura Piera — Masticadores México

El Camino – Microcuento

Recuerda: nada es lo que parece…

Plácidamente acomodado entre los tibios pliegues maternos, presiente que mañana será el gran día. Saldrá de la seguridad que hasta ahora le ha cobijado y se desprenderá para iniciar su propio camino. Es apenas un bebé, pero si logra cumplir su propósito se hará adulto en otro lugar, llevando lejos su estirpe. Su madre lo mirará partir con pena. Él sabe que ella ha hecho todo lo posible para protegerlo desde el momento en que lo gestó, mas debe soltarlo y dejarlo crecer, es la ley de la vida. No la defraudará.

El día amanece prometedor, el pequeño se prepara para decir adiós, pero algo raro sucede, Una conmoción extraña lo toma por sorpresa, todo se mueve a su alrededor y sensaciones desagradables los invaden a él y a su madre. Aún no ha logrado independizarse de ella, pero ya no será posible. Ambos sienten que les falta oxígeno, no pueden respirar, en medio del ahogo son sacados con violencia de su lugar seguro y tibio. Se estremecen al ser expuestos a un frío de muerte.

—Buen trabajo Dr. Otegui. Lo extirpó por completo —dice el Dr. Martínez, el residente que ha asistido en la cirugía.

Una enfermera limpia por última vez la frente perlada de sudor del Dr. Otegui. Fue una cirugía larga, casi nueve horas, pero valió la pena. Los tres miran la enorme masa informe y sanguinolenta que ahora agoniza en una helada bandeja quirúrgica. Ambos, madre e hijo morirán ahí.

—Fue una suerte que el tumor no haya tenido oportunidad de hacer metástasis, la prognosis es buena —agregó Otegui muy satisfecho.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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La Belleza – Microcuento

Éste es un reto lanzado por la cuenta de twitter @AsiloOscuro: En un tweet inspirarse en la imagen, usar la frase sin modificar, citar #AsiloOscuro. (Éste es un relato extendido de mi tweet original)

Imagen tomada de @AsiloOscuro

Fuiste hecho para reflejar belleza. Solo los más hábiles artesanos intervinieron en tu creación. Adornaste habitaciones reales reflejando siempre bellísimos rostros y objetos de gran valor.

Pasaste de mano en mano como una preciada herencia pero por azares del destino acabaste en el Asilo Oscuro. Fue ahí cuando María apareció en tu reflejo, su calavera perpleja observándolo todo desde cuencas descarnadas. Entonces supiste que estabas reflejando otro tipo de hermosura: la más honesta, la más profunda… la definitiva.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

también en: https://bloguers.net/literatura/la-verdadera-belleza-su-reflejo/

EL VAGABUNDO Y EL MANIQUÍ

Microcuento

Todas las noches, arropado en su cobija sucia, el vagabundo la miraba a través del cristal del almacén. ¡Era tan hermosa! Sus ojos la desnudaban hambrientos y en su mente bullían fantasías donde él la acariciaba y la hacía suya. Ella también le observaba con ojos vacíos y lejanos que enmascaraban un deseo imperioso de libertad. Le envidiaba.

Una noche, al acercarse, él se percató que la puerta de la tienda tienda estaba abierta…

Al día siguiente, el dueño del local se sorprendió al ver que en vez del bello maniquí femenino, en su lugar se encontraba el de un vagabundo. El dueño era un hombre práctico que sabía sacar partido a las situaciones adversas. Así que lo limpió y arregló para que anunciara un traje.

Esa noche, la que miraba desde la calle era ella, sabía que detrás de la fría indiferencia del maniquí, había desesperación. Estaba hecho, era ella o él. Se dió medio vuelta y se perdió en la ciudad.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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EL ESCARABAJO

«Convivir es difícil», pensó Cecilia mientras se ponía crema desinflamatoria sobre los golpes. «Las parejas tienen problemas, superaremos esto». Pero muy en el fondo sabía que no, que los arranques de Leo no eran normales y las palizas cada vez eran más frecuentes. Se maldijo por ser mujer pues ella no era contrincante para él. Reflexionó que en lugar de que a una le enseñaran a cocinar o a lavar ropa, mejor sería aprender a defenderse. Una vez ella había tratado de darle una patada en los huevos, pero le fue peor, ya que esa vez su marido le pegó como nunca. Terminó de ponerse el ungüento y cojeando fue a la cocina a preparar la cena de Leo y se la dejó sobre la mesa. Quién sabe a qué hora llegaría, últimamente le daba por llegar en la madrugada borracho y provocador.
Se durmió llorando de dolor y de coraje.

Despertó convertida en un gigantesco escarabajo. Vio con horror que en lugar de piel su cuerpo estaba cubierto con un exoesqueleto iridiscente y sus manos eran ahora tenazas mortíferas. «¿Pero qué diablos?», pensó mientras el miedo la dominaba. Aún conservaba su mente humana, pero sintió que con cada segundo el bicho la iba anulando cada vez más. Se dio cuenta de que Leo no estaba a su lado y se quedó ahí tratando de entender qué estaba pasando.

Escuchó o sintió, no supo diferenciarlo, una puerta abrirse. Bajó de la cama y cuatro patas peludas la llevaron al baño, donde Leo estaba orinando. Seguramente acababa de llegar después de coger con quién sabe quién, estaba borracho y le costaba mantenerse derecho. Una rabia incontenible se apoderó del insecto y violentamente entró al baño. El hombre apenas se dio cuenta de lo que pasaba. Las formidables tenazas cortaron el pene y Leo empezó a deshacerse en gritos de dolor que solo pararon cuando su cabeza cercenada rodó por el piso cual pelota. Todo fue rápido y automático. Ver a Leo así, decapitado y con el pene sangrante le dio una extraña satisfacción.

«¿Qué te pasa pendeja? Estás gritando como loca. Cállate hija de tu puta madre o te rompo el hocico». La silueta de Leo se dibujó en la puerta y Cecilia se percató que todo había sido un sueño. Se limpió la cara llena de lágrimas y se acomodó para seguir durmiendo. En ese momento tomó una determinación: lo dejaría por fin.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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Nota: Me queda claro que la violencia se ejerce, no por ser hombre o mujer sino por otros factores, y que no es privativo de un solo género. También que dentro de las relaciones humanas se dan muchos tipos de violencia: verbal, física, económica, etc.

EN LA NOCHE

Mi participación para Va de Reto Agosto 2021: Crear un relato donde la noche sea la protagonista.

Si das clic en la imagen te llevará al sitio de JascNet «Acervo de Letras»

Todas las noches, expectante, he sido testigo de la transformación de la Luna: ayer aún estaba en su fase menguante y hoy es ya un ojo con iris de plata asomado entre las nubes. Su luz blanquecina baña las calles y edificios y le confiere cierta belleza a esta ciudad hostil. De una esquina veo salir a un borracho tambaleándose; yo también tiemblo y me desgarro por dentro, el instinto me dice que vaya a por él, pero lo dejo perderse en las calles desiertas. Nunca sabrá lo cerca que alguna vez le acechó la maldición de la eternidad. Continuará su camino sumido en esa ignorancia feliz.

Desde mi primer cambio no me he alimentado, me es imposible. Reconozco que soy débil. No pertenezco a este mundo de sombras y ya no puedo regresar a lo que era. Un aullido lejano me llena de alegría. ¡Por fin! En otro tiempo y en otra vida me hubiera helado la sangre, pero hoy me dirijo hacia él sin temor.

Ahora lo veo. Es terriblemente hermoso. Su fornido cuerpo está cubierto por un denso pelaje, es mitad humano y mitad lobo, su mirada es feroz y rojiza, sus colmillos, afilados.

—Pensé que no llegarías a la cita —dice jadeante, todavía adolorido por su reciente transmutación.

—¡Ayúdame! —acierto a decir con apenas un hilo de voz.

—¿Estás segura? —su voz ahora es firme, imponente y ansiosa. Sus fosas nasales se ensanchan llenándose con mi olor.

—Sí.

Se abalanza sobre mí y con sus potentes fauces me inmoviliza. En una de sus garras lleva una estaca de madera que clava con fuerza en mi pecho y que atraviesa mi corazón.

Soy libre.

Desde otro plano observo al hombre lobo devorar a la vampira. El rostro pálido y helado, ya carece de expresión. Escucho el ruido seco de la espina dorsal al partirse en dos, mas yo ya no estoy ahí. Me elevo libre y la noche me recibe en sus negros brazos.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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