VIAJE A MARTE

Un confortable viaje al Planeta Rojo. ¿Qué puede salir mal?

Spider70 era el nuevo transbordador de la poderosa empresa aeroespacial “Titán”. No era el primero, pero sí el más confortable y lujoso hasta el momento, especialmente fabricado para viajar a Marte por los privilegiados de la Tierra. En él no había espacio para obreros, granjeros o médicos. Solo la “Créme de la Créme”.

La nave surcaba la negrura del espacio a una velocidad de locos. Entre los afortunados pasajeros se incluían: un jeque árabe con intereses de sobreexplotar los ricos recursos marcianos; el dueño de una empresa tecnológica a nivel mundial, la única con permiso para vender tecnología a las colonias humanas que ahí se establecieran. El hijo del dictador de una pobre nación centroamericana, cuyo deseo era tomar un tour turístico llamado “Marte a sus Pies” que incluía visitas a los sitios más emblemáticos como el “Monte Olimpo” o el “Valles Marineris” entre otros; también a un archi millonario ruso que tenía interés de comprar un buen pedazo del planeta para establecer una casa de descanso porque la Tierra ya le quedaba pequeña. Todos estaban muy bien atendidos por una tripulación especialmente entrenada para satisfacer sus más mínimos deseos. Incluso había varios robots sexuales disponibles por si alguien quisiera satisfacer algún apetito en ese sentido.

Tocó el turno de André de pasar a ofrecer champaña y bocadillos a los pasajeros. Era un chico encantador, no pasaba de los 25 años. Detrás de su piel blanquísima y rasgos exóticos, sus genes escondían el secreto de su origen africano. Su madre era una emigrante de Mali, país asolado por extremistas y bandidos; en cuanto a su padre, era un obrero francés de la región de Lyon en Francia. Pasó con su charola junto a una mujer algo mayor, era la esposa del archi millonario ruso, y esta sin ningún pudor le dio una sonora nalgada en el trasero, enfrente de su esposo. Marido y mujer intercambiaron una mirada lujuriosa, la mujer dijo algo en ruso y ambos rieron. André sonrió tímidamente y continuó con su labor.

Cuando acabó, fue a sentarse a la estación designada para la tripulación, donde podría descansar un poco antes del siguiente servicio. Ahí se encontró con Akane, una linda japonesa quien se levantó al llegar André, pues ahora era su turno de ofrecer los postres. El joven no tendría compañía al menos unos cuantos minutos, mismos que aprovechó para con un rápido movimiento clandestino, activar un teclado biológico en su antebrazo y escribir una contraseña secreta. Su boca se curvó en una mueca extraña. En minutos la nave estallaría y sus restos vagarían por siempre cual fantasmas en el universo.

A pesar de ser el año 2070, la raza humana no había podido librarse de las injusticias, y las consecuencias que estas acarrean. El último pensamiento de André fue para su madre africana y para todos los migrantes en busca de una vida mejor en la Tierra.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

Nota: La riqueza en sí misma no es el problema, sino el uso que se le da. (Sobre todo cuando se ha acumulado excesivamente). Mientras escribía este relato me conflictuaba que André tomara esta decisión cargándose a sus compañeros de viaje, gente trabajadora como él, sirvientes de los más privilegiados. Hasta cierto punto es una decisión injustificable, irracional, nacida del resentimiento, como suelen ser los ataques de este tipo. Si te gustó compártelo, si detectas algún error indícamelo y por supuesto te agradezco mucho tu lectura.