666 O EL FIN DEL MUNDO

Cuento corto, original.

Hoy se iba a terminar el mundo, o algo parecido. Bueno, eso le dijeron a Paula Chávez en el mercado. La “Güera”del puesto de pollo le contó que hoy era el sexto día del sexto mes del año 2006 y que el 666 era el número de la Bestia y que en la Biblia estaba anunciado el fin de todas las cosas. Paula oía todo muy asombrada mientras pedía que a las pechugas del pollo les quitaran el huacal y se los pusieran aparte para hacer un caldo.

—Son las 11 apenas —dijo la “Güera” en tono fatalista—. Aún falta mucho para que el día termine y podría pasar cualquier cosa. ¿Me dijiste cuatro pechugas verdad? Paula se quedó pensando y al fin contestó muy seria:

—Mejor solo dame dos, no tiene caso cocinar para dos días, no vaya a ser la de malas.

Con un hábil golpe de su cuchillo, la “Güera” rompió en dos el cadáver de un pollo amarillento y Paula se estremeció cuando unas gotitas de sangre de pollo le salpicaron la ropa. La “Güera” se disculpó:

—Ya te dije “mija”: hazte más atrás, a veces salpica mucho cuando estoy cortándolo.

Paula fantaseó con las gotitas sanguinolentas, quizás a la noche su delantal estaría empapado con su propia sangre, su pequeño cuerpo empezó a temblar aunque nadie lo notó.

Rosy Hernández llegó sobándose el voluminoso vientre y pidiendo le vendieran huevo.

—Güera, güerita, dame una docena de blanquillos.

—Si Rosy, ya te la doy. ¿Ya sabes que dicen que hoy se acaba el mundo? Rosy abrió mucho los ojos:

—¿En serio? Güera, mejor dame tres docenas, haré una despensa por si mi Rubén y yo sobrevivimos al desastre mínimo no pasar hambre. Rosy también pensó que aquella noche compraría un cartón de la mejor cerveza y le haría el amor a su marido con locura y pasión desmedidas para aprovechar sus últimas horas sobre la tierra.

Don Facundo Castro, quien tenía un local de semillas frente a la pollería había escuchado todo y dijo con desdén:

—No es que se acabe el mundo, hoy va a nacer el anticristo. Lo explicó el Padre Artemio el otro domingo, no sean ignorantes.

A Rosy, que era una oveja descarriada de la iglesia por haberle quitado el marido a su hermana y que no se había parado en una desde hacía ya mucho tiempo, lo de “anticristo” le sonó a medicina y se quedó en las mismas. La “Güera” muy molesta le dijo a Don Facundo:

—Mire, mejor olvídese de las rabadillas de pollo que siempre le regalo para su perro, venir a insultarnos así…

El hijo de la “Güera”, Memito, un chiquillo de cuatro años, moquiento y canijo, captó enseguida el tono de la plática, pues era el mismo que usaban con él cuando no avisaba del baño, así que se arrancó del abrazo perenne a las piernas de su mamá y agarrando un montón de tripas de pollo del bote de desperdicios fue a aventárselas a Don Facundo, en señal solidaria con la autora de sus días.

—¡Escuincle cabrón! —gritó Don Facundo mientras se sacudía con torpeza las vísceras pegadas a los zapatos y hacía ademán de pegarle a Memito.

—¿A quién le dice cabrón imbécil? Había aparecido Memo grande, con su voz de tenor y cuerpo de boxeador. Era el marido de la “Güera” y hasta hacía unos minutos se encontraba en otro local enamorando a Carmela, la chica de la cremería, pero alguien le había ido con el chisme de que con su mujer se estaba armando una bronca. Había dejado a Carmela a mitad de camino de un beso, pero la familia era la familia y había que defenderla.

Al poco rato todos los clientes y clientas habían tomado partido y se armó una batalla campal con jitomates podridos, pedazos de pollo, semillas y con lo que estuviera a mano. Jesusa, la más anciana de las clientas que frecuentaban el mercado pasó por ahí después de haber parado en el puesto de tacos y tras liberar un eructo sonoro con olor a barbacoa, se santiguó:

—¡Ay maldito Satanás!, ¡esto es obra tuya!, ya me habían dicho que hoy habría desgracias, ¡Diosito ampáranos! ¡Ya empezaron los cocolazos!

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla.

huacal- parte del pollo donde van las costillas
rabadillas- la cola del pollo
bronca: problema, pelea
barbacoa: guiso de carne de borrego o chivo
cocolazos: problemas

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