EL CIELO ES EL LÍMITE

Hacía ya algún tiempo que por el cielo de la tierra transitaban enormes ciudades flotantes. Se hablaba de que serían un gran alivio al problema de la sobrepoblación y eran muy prácticas pues podían cambiar de sitio si las condiciones climáticas no resultaban favorables. Pocas veces aterrizaban, en realidad no había mucho lugar donde hacerlo y dentro de cada una había prácticamente todo lo necesario al ser autosustentables. A veces solo se «anclaban» y permanecían algún tiempo en el sitio elegido hasta que era momento de partir.

Al principio, únicamente los países ricos las lanzaban y eran un símbolo de estatus siendo sólo los más privilegiados los que podían acceder a ellas y a sus increíbles vistas. Cada lanzamiento era celebrado en todo el orbe, y las ciudades que ya estaban en circulación, lanzaban fuegos artificiales y desplegaban mensajes fraternales de bienvenida para la recién llegada.

La cosa cambió cuando un país africano lanzó su propia versión de ciudad flotante. Las otras urbes vieron con recelo a su contraparte africana y la bienvenida, si es que la hubo, fue fría y distante. Después un país de Centroamérica lanzó su ciudad y los ricos del mundo comenzaron a hablar de que las ciudades, hasta entonces inermes, debían pertrecharse previendo cualquier tipo de violencia por parte de los pobres.
Mientras más ciudades fueron lanzadas por países tercermundistas, más repulsión causaba la noticia a los del primer mundo.

Hoy todas las urbes flotan armadas y recelosas, ha habido choques y muertos. Más de una ciudad rica y poderosa, ha querido conquistar a otra menos equipada. Los ataques han hecho que caigan de las alturas, matando a todos sus habitantes y a los que tuvieron la mala suerte de quedar en el camino de los despojos que se precipitaron a tierra.

Ya se habla de Ciudades-Ejército para salvaguardar los intereses de cada país.

Hoy, el cielo llora sangre.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

Si quieres comentar algo, adelante, los leo y contesto todos. Gracias por leerme.

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ROBOTS Y PERFECCIÓN

Hay que saciar el afán de cambio de las multitudes, pero este inspector de calidad no lo tiene nada fácil.

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Z38A (conocido cariñosamente como “Sam”), se dirigió con pasos firmes y casi humanos al final de la línea de ensamblado, donde acababa de salir el prototipo del nuevo modelo Z38-B (aún sin ningún apodo o mote). Con toda la tecnología de que disponía, se avocó a revisar a fondo al que estaba destinado a ser su reemplazo. Sus delicados sensores, cámaras y microprocesadores encontraron todo perfecto. Solo faltaba que “SAM” tecleara un código de aprobación para que se iniciara formalmente la producción en serie; esto también haría que el flamante Z38B se activara.

El nuevo modelo era muy superior a su predecesor en todos los aspectos y se esperaba que en menos de un año todos los modelos anteriores (incluido SAM) fueran sustituidos y enviados al programa de reciclaje robótico de donde podían salir en diferentes formas, desde un perro-robot para entretener niños hasta sanitarios inteligentes.

En el panel destinado para ello, “SAM” tecleó un código, pero contrario a lo esperado la línea de producción no arrancó. “SAM” puso al Z38-B sobre una banda transportadora que lo llevaría a su destino final: ser reciclado. No lejos de ahí tres ingenieros humanos disfrutaban de café con donas cuando leyeron en sus monitores el código de rechazo tecleado por “SAM.”

—¡Otra vez!, esto no puede seguir así, hay que cambiar al proovedor del panel B5501 pues salió defectuoso —dijo uno de ellos haciendo una mueca de fastidio.

—Hace dos meses fue el panel B5502. ¿Qué diablos pasa con los componentes que ya no los hacen como deben? —dijo otro mientras se jalaba los cabellos por la desesperación.

—Afortunadamente tenemos a “SAM” en control de calidad, no cabe duda que los Z38-A son difíciles de suplir, pero hay que volver a intentarlo, la gente clama por un modelo nuevo y mejor.

Mientras tanto, “SAM” se conecta apresuradamente a su fuente de poder, todos sus sistemas internos vuelven poco a poco a la normalidad después de haber experimentado un caos interno que lo hizo descartar sin razón al Z38-B y que a su vez le causó un consumo excesivo de energía. Él no lo sabe, pero las debilidades humanas, como si de virus se tratase, han encontrado la forma de instalarse en su corazón de fibra de vidrio. Ya no hay perfección.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla