ECOS-Microcuento

Autor: Ana Laura Piera

Intrigados, seguimos al loco del pueblo hasta el cementerio de cabinas telefónicas olvidadas; donde él vivía. Eran desechos incómodos, vomitados por la gran ciudad, y que se acumulaban en un terreno de las afueras. Ya era bien entrada la tarde y nada más llegar al lugar, escuchamos los ecos incansables de pasadas conversaciones. Flotaban las palabras alguna vez pronunciadas, cercenadas de sus frases, como jirones de nubes estruendosas. Comprendimos la razón de su locura y salimos de ahí para nunca volver.