La Belleza – Microcuento

Éste es un reto lanzado por la cuenta de twitter @AsiloOscuro: En un tweet inspirarse en la imagen, usar la frase sin modificar, citar #AsiloOscuro. (Éste es un relato extendido de mi tweet original)

Imagen tomada de @AsiloOscuro

Fuiste hecho para reflejar belleza. Solo los más hábiles artesanos intervinieron en tu creación. Adornaste habitaciones reales reflejando siempre bellísimos rostros y objetos de gran valor.

Pasaste de mano en mano como una preciada herencia pero por azares del destino acabaste en el Asilo Oscuro. Fue ahí cuando María apareció en tu reflejo, su calavera perpleja observándolo todo desde cuencas descarnadas. Entonces supiste que estabas reflejando otro tipo de hermosura: la más honesta, la más profunda… la definitiva.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

también en: https://bloguers.net/literatura/la-verdadera-belleza-su-reflejo/

FLORIFAGIA II

Cuento corto, original.

Photo by Maylee on Unsplash

Ella tenía ya algo de tiempo dedicándose a sus cultivos de flores. Era este un pasatiempo que había llegado a su vida sin querer. En una ocasión una hermosa malva había irrumpido la aridez de su jardín trasero con su espectacular belleza y deliciosas variaciones de violeta; tal vez alguna semilla perdida había ido a parar en medio de aquel páramo. En vez de cortarla decidió conservarla y cuidarla. Descubrió que mirar la flor le traía paz y sentía que algo de la belleza de la flor pasaba a su ser maltrecho. A la malva siguieron crisantemos, rosas, lilas… aprendió a cultivarlas y luego se sorprendió comiéndolas con la esperanza de que aquella belleza la saturara y la transformara por completo.

En toda su vida no había sido más que un ser feo por dentro y por fuera, una criatura maldita. Sabía de sobra que toda belleza es efímera y la del mundo vegetal lo es aún más que la humana. Con todo, algo había de cierto en su teoría, y la belleza le duraba unos cuantos días: su piel marchita rejuvenecía y se ponía suave y tersa como pétalos de flores. Despedía también un aroma peculiar según el tipo de flor que hubiera comido; por ejemplo, el olor a rosas la metía en problemas. El viejo Augusto, el jardinero del rumbo, se sentía atraído por los efluvios de rosa que percibía en el aire e intentaba saltar la enorme verja de la casona inflamado por el deseo de encontrarse con la fuente de aquel olor embriagador. Invariablemente, unos gritos horripilantes lo despertaban del embrujo:

—¡Largo, largo! ¿No sabe que esto es propiedad privada? ¡Fuera! —El pobre hombre se alejaba corriendo, no sin antes hacer la señal de la cruz.

Como siempre, el efecto de las flores no duraba mucho y toda ella se empezaba a marchitar. Era hora de alimentarse otra vez…

Trabajó mucho intentando cultivar flores cuya belleza perdurara y fuera más profunda en el sentido de no solo transformar la carne, sino también el espíritu, pero sus esfuerzos fueron en vano. Un día, en medio de la frustración decidió dejar a un lado las tiernas flores para comer espinas, también comió malas hierbas: lirios, adelfas, belladonas. Mientras se alimentaba escuchó una risa diabólica que flotaba en el ambiente. Intentó parar, pero aquello se volvió compulsión y mientras más comía, una rigidez espantosa empezó a invadirla, filosas espinas la recubrieron de pies a cabeza y sintió sus adentros fibrosos y secos. Quiso gritar, mas de su boca no salió ya ni un sonido. Esta vez el efecto no duró tan solo unas horas, esta vez duró semanas y fue lo más parecido a una muerte lenta y cruel.

Cuando los efectos del envenenamiento pasaron, y volvió a su fealdad de costumbre, aquella que la había acompañado desde su nacimiento y que se había exacerbado con la edad; destruyó los cultivos de flores y malas hierbas. Simplemente se quedó con ella misma.

AUTOR: Ana Laura Piera / Tigrilla

Tengo otro relato con el mismo tema, lo puedes encontrar aquí https://anapieraescritora.wordpress.com/2020/11/29/florifagia/

Belleza Alienígena – Microcuento

(La belleza es relativa)

dibujo de Ana Laura Piera /Tigrilla

Después de aplicarle el anestésico, el ser le observó con detenimiento. El rubio, gracias a la acción del fármaco, debía estar soñando algo agradable pues tenía una gran sonrisa en el rostro. Ese cuerpo, ahora desmadejado, se le antojaba como una caricatura, con aquella cabeza demasiado pequeña y cuatro extremidades totalmente antiestéticas. Se preguntó qué serían aquellos hoyuelos en esas mejillas tan blancas, como los gases que salían de los cráteres en su planeta natal. Estaba en esas divagaciones cuando entraron sus compañeros.

Fue reconfortante para él mirar de nuevo sus enormes cabezas, con caras color pantano y ojos parecidos a los de las moscas. Entre todos sacaron al sujeto durmiente de la casa. Necesitaban uno con pelo de color del sol para unos experimentos. «Estos terrícolas tan feos», pensó, mientras al pasar por un espejo, este le devolvió su hermosa imagen alienígena.

Autor: Ana Laura Piera

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