El Cubo – Microrrelato

Mi participación en el reto «Escribir Jugando» de Lidia Castro, hay que inspirarse en la carta, incluir el elemento del dado (remolino/hipnosis). Adicional: algo relacionado con un asteroide. Límite de palabras: 100.

Con el asteroide arribó un nuevo elemento que permitió la creación del cubo «armonizador». Flotaba, era enorme, y su exterior, negro y liso, reflejaba todo. Lo operaban tres científicos que se aseguraban que no dejaran de enviarse las señales que «armonizaban» los cerebros de las personas en el mundo, acoplando pensamientos, suprimiendo la maldad.

Así pasó mucho tiempo.

El artilugio ahora está emitiendo señales inestables, la población mundial se porta de forma errática. Dentro de él, los instintos de supremacía, han despertado. En vez de tres operarios ahora solo hay dos y una lucha encarnizada.

(97 palabras, incluyendo el título.)

Autor: Ana Laura Piera

Si quieres conocer el blog de Lídia y/o participar en el reto pincha AQUÍ

https://bloguers.net/literatura/el-cubo-microrrelato/

¡De Cine!

¿Qué resulta de una convocatoria donde el reto es crear una historia de 250 palabras como máximo inspirada en el título de una película? Pues una preciosa revista digital que contiene la colección de los microrrelatos originales que participaron.

Esta diseñada como una revista digital y se puede descargar a traves de LETKU o ver online por YUMPU. Si te apetece echarles un vistazo da clic AQUÍ para acceder a la página de El Tintero de Oro donde verás los enlaces correspondientes.

Una servidora participó con el relato «Cantando Bajo la Lluvia» inspirado en la película del mismo nombre, en inglés: «Singing in the Rain» con Gene Kelly. Te dejo el enlace a mi relato AQUÍ.

Te recomiendo mucho te des una vuelta por El Tintero, además de los concursos y retos hay muchísima información de ayuda para los que nos gusta crear mundos y escribir historias.

Aprovecho para saludarlos y agradecerles sus visitas.

Ana Laura Piera

Escribiendo a Hombros de Gigantes

El blog El Tintero de Oro, de David Rubio ha sacado la recopilación de relatos del concurso que tuvo como tema de inspiración: La Guerra de Los Mundos de H.G. Wells. Les dejo el enlace por si alguien quiere descargarse gratuitamente el libro a través de la plataforma Letku que trabaja a través de «pago social» es decir, tan solo compartiendo en alguna de tus redes sociales (facebook o twitter).

Encontrarás una colección de relatos de hasta 900 palabras, todos muy amenos e interesantes.

Mi participación, si quieres echarle un vistazo da clic AQUI

Para descargar el libro da clic AQUI

Para visitar el blog de El Tintero de Oro da clic AQUI

Autor: Ana Laura Piera.

El Misterio de los Zapatos Robados.

Mi participación en el «VadeReto» de Marzo 2022: crear un relato donde aparezca una cabaña, al menos una vez, y que una de las palabras vaya en mayúscula para destacarla del resto del relato. Si quieres participar en el reto da clic AQUI.

Photo by Kirsten Kluge on Unsplash

Recuerdo que había decidido salir a pescar muy temprano. Tuve que hacerlo a escondidas, mi padre ya me estaría esperando en el taller. Sabía que se molestaría mucho pero yo necesitaba un respiro.

A mi paso por las calles del pueblo escuché lamentos:

«¡Otra vez me falta un zapato!»
«¡Demonios! ¡Me han robado de nuevo!»
«¡Malditos! ¡Se han llevado otro zapato!»
«¿Hasta cuándo sufriremos esto?»

Desde hacía un tiempo, todos nos habíamos visto afectados por el robo de zapatos, lo curioso es que nada más desaparecía uno, el izquierdo o el derecho, dejando a su compañero detrás. Yo mismo llevaba en cada pie un zapato de diferente estilo, pero correctos, y estaba de suerte, había gente que tenía que andar con dos izquierdos o dos derechos, lo que los hacía caminar de forma curiosa y algo incómoda.
El zapatero, mi padre, no se daba abasto, entre ambos tratábamos de reponerlos, mas los robos eran tan frecuentes que era imposible satisfacer la demanda.

Las voces se desvanecieron conforme me enfilaba al río. Recuerdo haber pensado en lo bien que me la pasaría pescando, alejado del taller donde las jornadas ahora eran más largas que lo normal. Me llamó la atención una bota de niño tirada a un lado del camino, me acerqué y más allá vi un borceguí, unos pasos adelante, una sandalia, era casi como si se hubieran estado cayendo de una bolsa y quien los llevara no se hubiera percatado.

Decidí ocultar mi caña de pescar y seguir aquel rastro, quizás pudiera yo esclarecer el misterio de los robos y con ello volver a tener tiempo libre para mí. Me interné en el bosque, debo confesar que iba un poco aprensivo, la gente creía que los responsables eran seres sobrenaturales: duendes, brujas o demonios.

El rastro de calzado se detuvo abruptamente, seguramente quien los llevaba se dio cuenta de que su botín pesaba cada vez menos. De repente, un fuerte empujón por la espalda me tiró al suelo, luego me taparon la cabeza con un saco mientras me amarraban de manos y pies. Me sentí levantado. Grité mucho, pero estaba lejos del pueblo y difícilmente alguien hubiera podido escucharme. Exhausto, guardé silencio y me concentré en lo que sí podía percibir. Me llevaban entre dos personas, lo curioso era el ritmo y movimiento, como si caminaran saltando. Me sentí algo mareado y el saco apestaba a ropa sucia.

En algún momento pararon, y sin miramientos, fui aventado al suelo y retiraron el saco. Al principio me costó un poco enfocar la vista, pero cuando lo logré no pude creer lo que veían mis ojos: Un pequeño grupo de personas extrañas me rodeaba, de la cintura para arriba eran normales, mas de la cintura para abajo solo tenían una pierna ¡Ahora entendía lo del robo de los zapatos!

Alguien se acercó dando saltitos, se trataba de un hombre algo mayor que a señas les pidió a los demás que se retiraran. Dos hombres jóvenes, una mujer, y un niño pequeño, se alejaron brincando. Él cortó las ataduras de mis pies dejando las de mis manos y me ayudó a levantarme. Me condujo a una cabaña hecha de troncos de árboles, no muy diferente de nuestras propias viviendas. Me indicó que me sentara y me ofreció agua. Como seguía atado, él me acercó un pocillo a los labios. Bebí hasta apagar mi sed.

—¿Qué… qué son ustedes? —dije con torpeza.
—No tenemos nombre —me miró fijamente.
—¿Qué les pasó?—. Su rostro esbozó una media sonrisa.
—¿Te refieres a que solo tenemos una pierna? —asentí.
—Una maldición. Es una historia larga, no tienes tiempo de oírla.

Sus palabras me inquietaron.

—¿Qué piensan hacer conmigo?
—Lo estoy pensando, muchacho. Mis hijos cometieron un error al traerte.
—¿Por qué nos roban los zapatos? —el hombre me miró con una expresión burlona, como diciendo: ¿en verdad tienes que preguntarme eso?
—Me refiero a… ¿Por qué no fabrican ustedes su propio calzado? Para nosotros es un verdadero problema lo que ustedes hacen. —El viejo se rascó la cabeza, coronada por una melena canosa y enmarañada.
—No sabemos hacerlos.
—Podríamos enseñarles —sugerí.
—Nadie debe vernos ni saber de nuestra existencia. Si nos encuentran harían un espectáculo con nosotros —en su voz se asomó la tristeza.

Recordé los circos itinerantes que de cuando en cuando pasaban por el pueblo, mostrando todo tipo de rarezas, desde tortugas de dos cabezas hasta enanos o gente deforme. El viejo tenía razón.

—Mi padre es zapatero y yo conozco el oficio, les puedo enseñar. A cambio deben prometer que nunca más nos robarán zapatos y por supuesto, liberarme. Juro que no revelaré nada sobre ustedes.

El hombre no dijo nada, pero mandó llamar a sus dos hijos y les ordenó que me consiguieran todo lo que yo les pidiera. Fue así como les enseñé a fabricar sus propios zapatos. Resultó que eran una familia, la esposa del patriarca era de lo más amable y cocinaba delicioso, los hijos, al principio, recelaban de mí, pero conforme nos fuimos conociendo me aceptaron y al final hasta nos hacíamos bromas. Me enteré de que robaban muchos zapatos porque no sabían si les quedarían o si les gustarían, así que tomaban un poco de todo. Ninguno quiso contarme acerca de la maldición que les había condenado a caminar en un solo pie. Les agradó poder hacer calzado a su gusto. Toda la familia aprendió, incluso el más pequeño de ellos, un niño de unos seis años, daba saltitos de felicidad mientras le enseñaba a darle los últimos toques a una bota. Parecía un frágil y excitado pajarillo.

Estuve con ellos un par de días. Me hicieron jurar solemnemente que no revelaría nada sobre su existencia y me agradecieron el COMPARTIR mis conocimientos, luego me volvieron a poner el saco en la cabeza, (que seguía oliendo tan horrible que me hizo estornudar). No me amarraron, pero me cargaron igual y me llevaron cerca de mi pueblo donde se despidieron. En mi cabeza los bauticé como «monópodos». Cumplí mi promesa y nunca hablé de ellos. En el pueblo cesaron los robos y todos pudimos relajarnos.

Autor: Ana Laura Piera

https://bloguers.net/literatura/el-misterio-de-los-zapatos-robados-relato-corto/

Un Cadáver en el Ascensor

Mi participación en el microrreto del blog El Tintero de Oro. Requisitos: que aparezca un cadáver en un ascensor y de máximo 250 palabras.

Si quieres participar en el reto, dale clic en la foto, te llevará al blog El Tintero de Oro

Debo reconocerlo, siempre fui débil y sensual y me entregaba sin empacho a los placeres furtivos. Eso no cambió al casarme y ante los dramáticos reclamos de Ester, mi fuerza y autoridad hacían que se replegara. Llevarle casi veinte años tenía sus ventajas.

Poco antes de cumplir setenta intuí que las cosas cambiaban. Mientras ella aún estaba en la flor de la edad madura, yo ya necesitaba ayuda para todo. Ahí comenzó su asedio brutal hacia mi persona con indudable sabor a venganza. Confieso que nunca lo vi venir.

Con el cuerpo en franca retirada de esta vida, no hay mucho que pueda hacer para enfrentarla. He propuesto que nos divorciemos y se ha reído. Sé que encuentra placer en ver mi decadencia y sufrimiento.

Los micro infartos y los disgustos se van sucediendo a diario, los primeros, los mitigo con una pastilla sublingual que me hace sentir mejor en minutos, pero anoche tomé una decisión.

Reconozco el dolor y no me tomo el medicamento. Trato de salir lo más calmadamente del departamento y me enfilo con paso vacilante al elevador. Haciendo un esfuerzo, manoteo tratando torpemente de pisar el botón y cuando las puertas se abren me precipito dentro de ese espacio, milagrosamente vacío de gente, e iluminado con luz neón. La punzada en el pecho es intolerable, me derrumbo y la frialdad del piso es de las últimas sensaciones que percibo. Me estoy muriendo, pero no le daré a la maldita la satisfacción de verme agonizar.

248 palabras.

Autor: Ana Laura Piera

https://bloguers.net/literatura/un-cadaver-en-el-ascensor-microrrelato/

«El Vigilante» – Microrrelato de 97 palabras.

Mi participación en «Escribir Jugando» el reto de Lidia Castro Navás. Crear un poema o microrrelato de máximo 100 palabras inspirados en la carta y que incluya el elemento del dado: tiempo. Opcional, que mencione algo relacionado con la catapulta.

Da clic en la imagen para ir a «El blog de Lidia»


Dagur mira el tiempo pasar mientras liba vino. Mika, posada en su montaña-sombrero sacude el pico viendo esa nariz enrojecer, además, descuidadamente, Dagur ha derramado algo del dulce néctar. El trabajo de vigilante de nubes no es una tarea ingrata, pero él ya desea que lo releven. Por fin, de las montañas que emergen detrás, hay una que va alcanzando más altura que las otras. ¡Es su hermana Lilja! Una vez que ella tome su sitio, una catapulta semi-escondida entre los esponjosos cúmulos lanzará a Dagur a otro lugar, esta vez será vigilante de estrellas.

Autor: Ana Laura Piera /Tigrilla

https://bloguers.net/literatura/el-vigilante-microcuento/

Si has llegado hasta aquí leyendo, te doy las gracias. Lo que da vida a los blogs son los comentarios así que si pudieras dejar alguno te lo agradeceré. Me gusta ser recíproca así que ten por seguro que te corresponderé. No tienes que escribir cosas que no sientas, una buena crítica siempre es bienvenida, siempre que sea con respeto. Gracias.

El Club de la Microficción

El blog «El Tintero de Oro», de David Rubio ha sacado una colección de microrrelatos salidos del microrreto llamado ¡Fobias! y la verdad es que ha quedado una publicación muy chula y en la que una servidora participa con un relato basado en la Talasofobia (fobia al océano), titulado «Las Vacaciones»

Si les interesa la pueden descargar gratis en LETKU o también se puede leer on line en YEMPU, para lo cual te dejo el enlace a la página del blog de EL TINTERO DE ORO donde solo tendrás que buscar la sección donde está el «flipbook» que podrás disfrutar de inmediato.

Saludos a todos.

Anatomía de Grey Z (fanfic)

Mi participación en:

Da clic en la imagen para que te lleve al blog El Tintero de Oro

Los fanfics son historias escritas por fans de una obra de ficción y sus personajes. Son relatos que varían la historia original o la complementan. Si quieres saber más asómate al Tintero de Oro.

El auditorio estaba abarrotado de gente esperando escuchar a la eminente doctora e investigadora Meredith Grey. La misma que desarrolló una cura definitiva contra el virus Zombie, mejor conocido como Virus Z.

Al aparecer, los asistentes se pusieron de pie y le aplaudieron a rabiar. La bata médica que la Dra. Grey portaba, cubría parte de los estragos que el virus Z había infligido en ella, mas su cara, cuello y manos los delataban: piel verdosa, faltante en algunas partes, ojos apagados y sin brillo, como los de un pescado muerto, parcial ausencia de pelo en un cráneo demasiado visible, pero estaba libre del virus. El remedio no había llegado a tiempo para muchos, donde el avanzado estado de la enfermedad impidió la recuperación, en otros, logró detenerla, y en los menos afectados incluso revirtió los daños.

—Quiero agradecer a mi equipo del Hospital Seattle-Grace —dijo con una voz rasposa y extraña al tiempo que aparecían sus entrañables amigos, George O´Malley y Cristina Yang, también algo afectados: A George le faltaba un brazo, que había sido devorado, y Cristina no tenía ojos, y renqueaba, pero aún se adivinaba en ella su espíritu desafiante.

—No puedo dejar de mencionar a los ausentes: Miranda Bailey, Richard Webber, Izzie Stevens y Alex Karev que dieron su vida para que la humanidad nunca más vuelva a sufrir el ataque del terrible y cruel virus zombie.

La ovación fue unánime.

239 palabras.

Autor: Ana Laura Piera

Como muchos ya habrán adivinado, me basé en los personajes de la serie Anatomía de Grey y en la serie The Walking Dead. En verdad me divertí mucho imaginando este relato.

https://bloguers.net/literatura/anatomia-de-grey-fanfic-de-menos-de-250-palabras/

El Futuro – Microrrelato

Mi participación para el reto de Lidia Castro «Escribir Jugando» Consiste en elaborar un relato de 100 palabras inspirado en la imagen, debe aparecer el objeto del dado: «frasco» ,e incluir algo sobre la invención del ladrillo. Al final te dejo el enlace a su blog por si quieres participar.

Nieva copiosamente y todos visten gruesas pieles. El fuego proyecta sombras alargadas en las paredes de la cueva.

Increíble, pero Myra va engalanada con flores frescas. Las mujeres la miran envidiosas, mas nadie osa decir nada. La han visto desaparecer a plena vista tras beber de aquel extraño objeto que encontró en la nieve.

¡Lo ha hecho de nuevo!

Ahora Myra observa hombres cociendo ladrillos bajo un sol inclemente, con ellos fabrican viviendas. Llora de emoción, intuye que se ha asomado al futuro, también llora de tristeza, ¡tanto por ver!, pero la poción del frasco se acaba.

97 palabras.

Autor: Ana Laura Piera

Si quieres ir al blog de Lidia cliquea AQUÍ

https://bloguers.net/literatura/el-futuro-microrrelato/

Bailar con el Viento.

Relato para el VadeReto de Noviembre, convocatoria del blog Acervo de Letras. El tema de este mes es la sonrisa, y debe estar protagonizada por niños. Da clic en las palabras en itálica para que visites el blog.

Era el tiempo en que los árboles se abandonan a los brazos del viento, moviendo ramas y hojas al compás de su invisible pareja. Desde la terraza de la enorme habitación, Celia observaba hipnotizada la danza; a veces los pasos eran deliciosamente largos, otras, inesperadamente cortos. El aire era un bailarín irresistible y Celia soñaba con poder bailar también con él.

Había sido idea de sus padres tenerla encerrada en la habitación azul, donde “no le faltaría nada”. Silenciosos sirvientes, cual sombras, la proveían de alimento según rígidos horarios. De vez en vez, el doctor de la familia, un viejo gordo y calvo, subía para revisar su estado de salud, encontrándola siempre “perfecta, dadas las circunstancias”. La niña de trece años ignoraba por qué casi nunca veía a su familia, pero tenía al menos el consuelo y la compañía de los gigantes bailarines.

Un día, el bosque contiguo a la casa de Celia se llenó de voces que armaban un gran alboroto. Ese barullo le era desconocido, y curiosa, se asomó encontrándose con un alegre grupo de chicos y chicas un poco mayores que ella. Habían burlado la vigilancia de la casa, introduciéndose sin permiso en la propiedad. Uno de los muchachos la descubrió y se quedó mirando aquellos ojos rasgados, la corta estatura, el cuello y la cabeza algo gruesos, y también, la torpeza de movimientos de la niña de la terraza. Él hizo bromas estúpidas sobre su aspecto. Indignadas, dos chicas lo callaron inmediatamente y le hicieron señas a la niña para que bajara y se les uniera. En ese momento irrumpieron los guardias de la casa y los ahuyentaron a todos. Celia los miró alejarse y sintió una gran pena, la algarabía juvenil en vez de asustarla la había llenado de dicha.

Otro día fueron las dos muchachas que habían callado al bromista las que entraron nuevamente. Esta vez sin hacer ruido, treparon los troncos con agilidad de monos hasta quedar a la misma altura de la terraza. Cuando Celia se percató de su presencia sonrió como un sol: ahí estaban esas adorables desconocidas, abrazadas a sus amados árboles y extendiéndole las manos para que ella se les uniera, mas no se animaba. Así estuvieron visitándola por varios días y con cada visita Celia se iba armando de valor.

Cuando su madre fue alertada por la servidumbre, salió apresuradamente para encontrarse a su hija bien arriba, en la copa de un árbol. Celia estaba agarrada fuertemente de las ramas que se balanceaban peligrosamente de un lado a otro por su peso y por el fuerte viento que imperaba. Reía a carcajadas. ¡Por fin estaba bailando con el viento! En otro árbol, el par de muchachas reían histéricas al ver la cara de susto de la mujer, que estaba a punto del desmayo. Celia no miraba a nadie, solo sentía su pecho diferente, su corazón latiendo por fin al ritmo de aquel baile glorioso.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

https://bloguers.net/literatura/bailar-con-el-viento/