El Rey de los Idiotas.

Esta es mi participación en modalidad «fuera de concurso» para la convocatoria:

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El Barril de Amontillado fue uno de los cuentos que cuando lo leí de adolescente más me impresionó. Sirva esto como un pequeño y muy humilde homenaje a este autor. Quise contar la historia desde la perspectiva de la víctima, Fortunato. El lugar donde se desarrolla la historia y los personajes son los mismos que en el magnífico cuento de Poe. (Espero que no me venga a jalar los pies enojado).

La borrachera se me bajó de golpe. ¡Ese traidor de Montresor me había llevado a una trampa!

Me estremecí y sacudí las cadenas con toda la fuerza que mi instinto de supervivencia logró convocar en un vano intento por zafarme. La antorcha que llevaba en mi mano había caído al piso y Montresor la había tomado. Me hablaba, pero toda mi atención estaba puesta en sus manos, que, industriosas y ágiles, trabajaban en conjunto, poniendo hilada tras hilada de piedra frente a mí. Cada línea levantada me iba robando de a poco la claridad.

La ofensa vino a mi mente como un relámpago. Recordé que días atrás, pasados de copas, había yo hecho algunos comentarios burlescos sobre su poca pericia para comprar vinos, aunque él se preciaba de ser un conocedor. Yo sabía de buena fuente que muy a menudo los charlatanes le daban gato por liebre. Recordé la nube de mal tiempo que, por unos segundos, ensombreció su rostro. Después seguimos bebiendo y nos olvidamos del asunto, o eso creí.

Con engaños y con el pretexto de que tenía un barril de vino amontillado me abordó durante el carnaval y me trajo a las catacumbas de su familia. Ahí guardaban, entre despojos de varias generaciones de Montresors, algunos de sus mejores vinos, a los que les hacía bien el frío y la humedad del lugar. Tenía yo mucha curiosidad por ver si en efecto se trataba de amontillado, ya que era casi imposible encontrarlo en esa época del año. Lo más seguro era que lo hubieran engañado y ya tendría yo otra ocasión de burlarme de su nula pericia como catador. Era mi amigo, pero detestaba cuando se ponía pretencioso.

Noté que mi mente daba bandazos entre la resignación y la angustia. De repente, sin pedir permiso, de mi pecho salieron los más horripilantes gritos al darme cuenta de que el desgraciado me había condenado a una muerte lenta y cruel. Me tomó por sorpresa que, emulándome, él empezó a gritar con una enjundia sobrenatural que me hizo dudar de mi condición de vivo. Quizás, me encontraba ya frente al mismo demonio, recibiéndome en las puertas del averno. Callé.

Uno nunca sabe cuando será la última vez que hacemos algo. Despertamos, pero seguimos dormidos, mecidos por la rutina sin pensar que ese puede ser nuestro postrer día. Yo debí haberle dado un beso en la boca a mi mujer, en vez del casto beso en la frente que siempre intercambiábamos por las mañanas. Y a Luca, ¡Por Dios, Luca! A él le hubieran venido bien algunos consejos y un abrazo especialmente fuerte. Miré con tristeza el creciente muro de piedras que me robaría la oportunidad de conocer a mis nietos. Sin mucha esperanza, dejé escapar una risa ahogada y le pedí, le supliqué que terminara con la broma. Él me siguió la corriente sin dejar su labor.

Hay que ver los absurdos pensamientos que lo asaltan a uno ante la inminente muerte, me di cuenta de que mi disfraz de payaso, escogido a las prisas para el carnaval, se convertiría en la grotesca mortaja para mis pobres huesos. Mi mausoleo, cuidadosamente preparado, quedaría vacío. ¿Qué pensaría mi familia de mi desaparición? Me derrumbé sobre mí mismo y sentí cómo se clavaba, lacerante, la cadena alrededor de mi cintura. Quedé colgado a medias sin tocar el suelo.

De repente, se hizo la luz en el pequeño nicho donde estaba yo prisionero. Montresor había metido una de las antorchas por el último hueco y me llamó por mi nombre:

—¡Fortunato!, ¡Fortunato!

Moví los labios, pero mi voz me había abandonado. Vi cuando colocó la piedra que faltaba, sellando mi destino. La antorcha agonizante proyectó las últimas sombras en aquella tumba improvisada hasta que reinó la oscuridad. ¡Qué bien me hubiera sentado que el dichoso amontillado hubiera sido real y no solo el pretexto para llevarme a la muerte! Un pensamiento: «Fortunato, eres el rey de los idiotas», retumbó en mi mente. Comencé a sentir la falta de aire…

Pasó un tiempo hasta que me sentí ligero y pude al fin traspasar la pared de piedras y la muralla de huesos que ahora sellaban el lugar donde se descomponía mi cuerpo. Mi primer impulso fue buscar la salida de las catacumbas, de alguna extraña forma, pude orientarme en la oscuridad de aquel laberinto. Confiado, intenté traspasar la puerta, como lo había hecho antes, pero no pude, algo me detenía. Las innumerables voces, como fríos suspiros, susurraron en mi oído que aquello era imposible. «Ahora eres uno de nosotros».

«¿Alguno de ustedes sabe si hay por aquí un barril de amontillado?»

Autor: Ana Laura Piera

59 comentarios en “El Rey de los Idiotas.

  1. Muy bueno el punto de vista de Fortunato, las catacumbas tienen un nuevo inquilino. Yo también he leído el cuento, hace mucho tiempo, y me trajo muchos recuerdos. Un abrazo.

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  2. Cuando descubrí a Poe también me impresionó, y leí todo lo que encontré publicado de él hasta aquel entonces. Sus historias y relatos siempre me encantaron.
    Por cierto, muy buen relato, esto seguro que Poe también lo aprobaría. Enhorabuena.
    Muchas gracias por compartir este relato.

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  3. ¡Qué historia más buena! La forma de narrarla ha hecho que mi angustia fuera creciendo al mismo ritmo del emparedamiento del desafortunado Fortunato. Desde luego, su nombre no le hace justicia, je,je.
    Un abrazo.

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  4. Un relato estupendo, Ana. Transmites muy bien la sensación de angustia y opresión del protagonista y has dado con el tono justo para contar la historia. Me ha gustado mucho. Gran homenaje a Poe.

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  5. Acertado tu argumento de cómo el devenir del mundo de Los Vivos evoluciona a adquirir la identidad de Ente tras los luctuosos sucesos en las criptas vitivinícolas ¡y el pobre es superfluo, vagabundo en las tinieblas delicadas del Más Allá, errabundo cual Melmoth, marcado por El Destino «in aeternum»! Sin embargo, le das ese puntito de humor a la finalización, cuando su único vínculo de deseo con Lo Terrenal aflora..¿Dónde se halla ese Amontillado?¡¡¡Génesis de Toda Su Tribulación!!!
    Un Beso Entre Cavas y Norias, Entre Bodegas y Buena Escritura.
    Recibe Mis Consideraciones Más Amontilladas y Apreciativas

    J u a n A l l a n p o e s c o Y C h i f l a d o 🧙‍♂️

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  6. Excelente por donde lo mires. El punto de vista elegido, ese monólogo hacia la conciencia de su perdición, y ese final,¡ese final! absolutamente fuera de serie en sus dos partes: la que hace a sus nuevos compañeros y la que hace a sus persistentes ansias del amontillado en un rasgo fantástico de humor. Grandes aplausos. Un abrazo

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  7. Vaya historia, Ana, ese punto de vista tan dispar hace que te vayas adentrando en la trama sin ser consciente. Que el narrador sea en primera persona también ayuda, los pensamientos van encadenándose hasta que somos conscientes de la aunténtica verdad. Muy buen relato, me encantó.
    Un abrazo!

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  8. ¡Hola, Ana! Ayer no sé qué pasó, me pasé a leerlo pero aparecía página no encontrada. ¿Hubiera sido obra de Montresor emparedándolo? Ja, ja, ja. Me ha encantado el relato, con el que además demuestras cómo el punto de vista del narrador puede influir en el tono de la historia. Si Poe nos mostró un tratado sobre la venganza más fría y despiadada, al poner el foco en Fortunato, el relato adquiere un tono aún más siniestro, nos sitúas tras esa pared que poco a poco nos va encerrando, hasta dejarnos con la frágil y fugaz luz de esa antorcha, que ilumina lo justo para hacernos ver que ya no saldremos de la oscuridad. El giro sobrenatural del final es todavía más angustioso puesto que eleva ese emparedamiento a la eternidad. Magnífico aporte! Un abrazo!

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    1. Muchas gracias David, si, ayer me dí cuenta que algo le moví desde la app del móvil que me puso la historia otra vez en borradores. Tuve que volverla a publicar y agregar la imagen. Afortunadamente el link quedó intacto. Creo que la app está fallando mucho o yo soy muy tonta jajaja. Saludos y gracias por comentar, siempre es un honor que lo hagas.

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  9. Una ambientación muy buena, Ana, además utilizando un punto de vista que realza la trama. Luego a través del monólogo y el flujo de pensamientos comprendemos el sufrimiento del protagonista y consigues que despreciemos a su antagonista con mayor intensidad. El toque de humor final, me hizo dudar si aún le duraba la borrachera o su debilidad por los amontillados hubiera sido su perdición en cualquier otro caso, muy gracioso. Me ha gustado mucho el relato.

    Un abrazo.

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  10. Me gusta mucho darle una vuelta a las viejas historias clásicas y más si se hace con tal riqueza de elementos como en tu texto. Leí hace mucho el de Poe pero estoy seguro que esa segunda visión que le has dado enriquece las que él nos proponía.
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias Dr. Krapp. La verdad es que Poe era de mis favoritos de adolescente, aún me sigue gustando pero ya no lo leo tan seguido. Fue divertido hacer este relato. Gracias por comentarlo.

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  11. buena eleccion del punto de vista. añade angustia de forma dramatica, en una primera persona imprescimdible.
    me gusto el salto de tiempos, mas bien el inciso, que explica las causas de castigo.
    bien resuelto el problema de acabar en muerte del protagonista en un relato en primera persona. son muy socorridos los fantasmas,
    y el punto final de humor ¡magnifico! «ya que he pagado el castigo, al menos vamos a cometer el pecado», pensaría yo
    abrazooo

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  12. Hola, Ana. Un muy buen aporte que hubiera alcanzado los puestos más altos. Como en mi relato, te has metido en la piel de la víctima y nos haces partícipe de su agonía con cada ladrillo que lo condena a una muerte aterradora, tortura que se prolongará durante toda la eternidad ya en su nueva realidad.
    Un muy buen trabajo. Felicidades.

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  13. Hola Ana. Es un ejercicio literario interesante reescribir la historia desde el punto de vista de la víctima, sentir sus miedos y la angustia no volver a ver a su familia. Al final esa condena eterna a vagar por los lóbregos sótanos nos pone los pelos de punta. Buen trabajo. Un abrazo.

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  14. Desafortunato, ese sería el nombre. Así lo has trazado pues, libre ya de aquel muro, resarcido por fin de Montresor, aún le espera otro encierro, no se sabe si aun más cruel, por las ánimas que poblaban esas catacumbas. Si echara de menos los cascabeles de Poe, están también en ese toque de humor final de Desafortunato, haciendo el mismo papel desestabilizador que le da otra dimensión a la historia.
    Realmente me ha gustado, es complejo siempre enmendar un clásico y creo que sales muy airosa del asunto. Desafortunato estaba perdido, mas allá de todo artefacto, pero merecía justa compensación por aquel atropello de motivos difusos: ahora tiene a su disposición una eternidad de botellas por abrir lo que, conociendo al bicho, no queda muy distante de un paraíso…
    Enhorabuena, un gran abrazo.

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      1. Los fantasmas suelen beber bastante, por lo menos en mi experiencia, otra cosa es pagar, que esta en su condición olvidarse la cartera o sacar un billete de 500 euros para acabe invitandole algun tonto, que los tontos siempre llevamos cambio.

        Según esta teoría, Desafortunato debería estar ahora mismo cantando «Asturias patria querida» y tirándole los trastos a alguna momia de buen ver, mientras que Montresor cría malvas en la aburridisima paz de algún olvidado camposanto. Lo que viene siendo justicia poética, en su variante «que me quiten lo bailao».

        (Es que hoy estoy alegre, no lo puedo evitar…)

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  15. Hola, Ana. Ya se me hacía raro que dejaras pasar la ocasión y no me equivocaba. El tono de buen rollo del protagonista rebaja un poco su horrenda muerte emparedado y por ello el humor negro nos embriaga hasta el final.
    Las intenciones de su traidor amigo y asesino eran claras, pero la viuda de ese pelma de Fortunato supo dar pasaporte a Montresor a los seis meses de casados.
    La afición a la jardinería y horticultura era muy práctica para obtener venenos naturales y poder dosificarlos con las hierbas del té. El primer marido tendría que darse por desaparecido para poder contraen nuevas nupcias; su hasta entonces amigo y abogado Montresor ya se encargaría del papeleo.
    Los dos amigos se apostaron los favores de la hermosa e ingenua mujer que ambos deseaban y su disputa les llevó a este final. Pero ninguno en esta guerra se dio cuenta como su trofeo manipular a ambos y como en una estratégica partida de ajedrez derrotarles cual reina vengadora.
    Para una mujer, todavía joven, administrar los bienes de Fortunato y con la herencia del difunto Montresor, no tendría que volver a depender de hombre alguno para hacer su vida y lucir las flores de su espléndido jardín por si necesitara otro abejorro a futuro.

    Saludos.

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  16. Ana, Ya ves lo tarde que llego, este mes sin tiempo arf arf
    Hablando de la singladura de nuestro Tintero de Oro, recuerdo tus primeros escritos que me llamaron la atención por la personalidad que ponías en ellos (llámalo estilo), y cada vez escribes mejor. Creo que estos ejercicios mensuales nos ayuda a todos a mejorar.
    Sobre este que nos ocupa, El Rey de los Idiotas, has demostrado habilidad narrativa, fluidez, imaginación y documentación que aprovechas para la historia. ¿Eres sumiller o enóloga? 😊
    Y además, algo importante, entretenimiento Mientras te leía me olvidé de todo y me llevaste en un viaje a través de la conciencia del emparedado.

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